sábado, 22 de marzo de 2014

I wanna do bad things with you





Vértigo es lo que sentí en el bus el día que decidí dejarlo todo. De pie, con el bamboleo de mi cuerpo preparaba el discurso a mis padres sobre la decisión que había tomado. Vértigo el día que me despedí de ellos en la puerta de embarque, pum pum pum pum, mi corazón contra mi pecho. Vértigo cuando te vi de pie esperando por mí en otra puerta de embarque donde comenzaba mi aventura, nuestros sueños.

Es vértigo lo que siento cuando camino por esta ciudad que es más tuya que mía hasta que tu mano me encuentra y me esconde por parques, agua, gente y smog. Vértigo cuando pasan helicópteros de noche, vértigo ante el sonido de un tubo de escape. Vértigo cuando camino de noche deseando como una niña chiquita llegar a mi casa.
Vértigo dejar la casa de mis padres y saber que ya no hay vuelta atrás, que venderán la casa, que acabarán nuestra historia juntos dentro de esas paredes donde era hija, hermana, nieta. Vértigo estar acá en este apartamento donde no soy nada. Vértigo, sí, cuando migraciones me puso la primera traba, cuando perdí la primera maestría, cuando no encontré trabajo, cuando…
Vértigo es lo que siento todos los días desde que estoy acá, porque lo he dejado todo, porque allá el tiempo pasa sin mí. Vértigo porque estoy sola, porque me siento sola, porque no me hallo en ningún lugar, porque soy de ningún lugar. Vértigo para mí son los truenos, los relámpagos, la lluvia que golpea mi ventana, mi techo, mi cuerpo.
Vértigo si me fumo un cigarro porque he dejado de fumar y el corazón de nuevo pum pum pum pum. Vértigo pensar como avanza la vida de la gente que quiero, que dejé para estar acá donde no estoy la mayor parte del tiempo. Vértigo, señores, cuando sueño estar en mi cama, en Lima, y al abrir los ojos estoy acá.
Vértigo eres tú, con tu risa, con tus juegos, con tu piel, con tu cuerpo en mi cama, vértigo mientras espero tu llegada. Vértigo es cuando me miras y me dices, eres infeliz, lo sé, vértigo es la impotencia de no poder decirte que no lo soy, que “todo bien”. Vértigo cariño, vértigo sos vos, como tú lo dices, vértigo el que aún siento cuando espero por tu voz al otro lado del auricular.
Vértigo los 2046 kilómetros que crucé para estar a tu lado, el significado que le das al pum pum pum pum de mi bobo, como yo le llamo. Vértigo la aventura maravillosa que me has dado. Vértigo haberme graduado aunque Colombia me dijera que no, no pudo detenerme. Vértigo ser mi adulto, tomar decisiones, vértigo mí amor, haber escrito nuestra historia:
El avión Rionegro El taxi El hotel Los recepcionistas Hacer el amor El jardín botánico El metro El centro Parque Berrío El parque del periodista Canciello Fumar Beber Besar  Amar Libido Sus amigos ¡Qué chimba, parce! La fiesta del libro Western union El éxito El sol La lluvia Los truenos Hacer el amor Su risa La ducha Nuestra habitación La 70 Guarapo Menú de seis mil quinientos ¡El que no salta es tombo! Lluvia de millones de pesos El poblado El turibus Tres cordilleras El suicida El ladrón El gatito Hacer el amor El taxi Rionegro El avión Lima Volver

Y aquí estamos.

domingo, 19 de enero de 2014

A solas con él



Estoy enamorada de él o creo estarlo. No estoy segura la verdad, solo sé cómo me hace sentir, las reacciones que causa en mí y basada en mi experiencia me arriesgo a decir eso, que estoy enamorada de él. Tiene la capacidad de sacarme de mi concentración para mirarlo ser. Minutos, tiempo que, en esta sociedad, podría significar pérdida de dinero. Minutos. Los más felices de mi día, porque se los dedico a él, a mí, a nuestra felicidad. Somos cómplices, perfectos cómplices de sus travesuras, de los actos tiernos que comete conmigo. La forma en que me mira es la mejor, supongo, si me dieran a elegir no podría hacerlo o trataría de limitarme a un top 5 de las cosas bonitas que hace. En fin, que me mira, y no puedo hacer más que mirarlo, él me instiga, me provoca, me convence con un suave toque sobre mi piel, ese calor tan suyo me obliga a mirarlo, a dejarlo entrar en el ruido de mi mente, en detener las horas para él.
Me encanta que busque mi atención, que tome la decisión de acercarse a mí, de acostarse a mi lado, de “hablarme” muy a su modo, porque no sabe hablar, todavía. Y se acuesta conmigo, y juega con mis manos, con mi cabello, mis pies, mis medias, y cualquier cosa que signifique para él una prolongación de mi existencia. Estoy segura de que lo necesito más que él a mí, incluso cuando dejamos de vernos y él me recibe en la puerta de la casa, con ese motorcito que lleva, dicen, en la garganta. Sé que lo he extrañado más, que he pensado más yo en él, que él en mí, pero no me importa, por eso creo que es amor.
Él conoce mis debilidades, lo veo en sus ojos, sabe cómo hacerse irresistible para mí, sabe como escapar de mi ira y lo perdono. Paso por alto sus malos hábitos e incluso me reprendo a mí misma, ya que no es su culpa sino mía. He estado triste estas últimas semanas, él lo sabe mejor que yo, por eso solo se limita a acompañarme, a distraerme, a colocarse sobre la parte de mi cuerpo que presiente me duele. Se acomoda sobre mi pecho, sobre mi mente, vela mi sueño cuando estoy desconsolada, preocupada, agobiada. Por eso paro la máquina de lágrimas y me seco los ojos, con suavidad para no lastimar mis retinas, y me río porque imagino lo tonta que debo verme llorando en la oscuridad, como si estuviera sola, cuando él está conmigo.
Mi gato, o este gato que está conmigo, estoy convencida de que no disfruta los rótulos que definan lo que tenemos. Hace tres meses entraba en mi mano y ahora entra en las dos. Me gusta sentir la rapidez del latido de su corazón cuando se acurruca en mis pies y también que los mantenga calientes. Me emociona cuando me “habla”, me pide cosas con un tono engreído, que sé que algún día dejará porque así es la vida, todos tenemos que crecer. Me gusta que encienda su motorcito para mí cerca de mi oreja para avisarme que ya no quiere estar solo, que ya debo despertar, que ya quiere comer o que ya quiere cagar, en fin, me despierta y lo hago con suavidad y abnegación, por eso creo que es amor.
Cuando pasa la tristeza y lo miro jugar, saltar, correr, se apodera de mí una fuerza impresionante que hace que lo busque, lo levante y le hable cerquita, le diga lo que siento por él y cuánto lo quiero. Entonces él pone su pata en mi boca y calla mis palabras, con desesperación quiere salir de mis brazos y yo lo contengo y lo lleno de besos. Luego él sale despavorido a esconderse de mi amor locura no sin antes darme una cachetada certera que me regresa a mi lugar. Después de todo yo soy una simple humana y él…él es el príncipe de la casa.

viernes, 17 de enero de 2014

 Hola Chic@s especiales, acá les dejo mi participación en la revista Kaos Mots de Medallo City. Un placer compartir espacio junto a talento paisa. Próxima a imprimirse. Saludos.

http://revistakaosmots.blogspot.com/2013/11/melissa-torres.html