jueves, 5 de julio de 2012

Un puto ángel guardián


La cabeza me reventaba hacía tres días. Hacía tres días la sentía pesada, con un latido incipiente que anunciaba la migraña. No podía ver luz, no quería ver gente. La gente me molestaba, los repelía, me parecían todos unos tontos, artefactos imbéciles que arruinaban mi espacio. El poco espacio que poseía hacía tres meses empezaba a sofocarme, aquél clima tropical lograba hacer sudar espacios en mi cuerpo, intranspirables hasta ese momento de mi vida. No soportaba fumar y necesitaba un cigarro, no soportaba a la gente y necesitaba un abrazo. El dolor, el maldito dolor, esa resaca absurda que quizás era el anuncio de lo inevitable. Todo era inevitable, inevitable era que me sacarían de la habitación cuando ya no pudiera pagar, tres días faltaban para eso, una punzada en la sien, inevitable era que no había desayunado, almorzado o cenado hacía tres días, una punzada en la sien, ni un solo peso, punzada en la sien, no poder ver la luz, punzada en la sien, que ella viniera a rescatarme de nuevo, mega punzada en la sien.
Me sacaba de los bares, de los baños públicos, de terrenos baldíos, mi puto ángel guardián. Esa noche vino por mí a casa de Dick. Dick estaba cansado, entre borracho y drogado, dormido sobre una baba espesa de color amarillo verdoso. Mag me levantó como pudo del sofá donde me encontraba lamentándome por mi dolor de cabeza. Mag y su pequeña fuerza ejercieron poder sobre la inercia de mi cuerpo abatido.
Mag, ese puto ángel guardián, me sube a su coche, me lleva a su casa, me quita la ropa, me mete a la ducha, me seca el cabello, me pone el pijama, me arropa en la cama. Y en el silencio de esa habitación que acunó momentos más felices, más luminosos, más buenos, más sanos, el débil murmullo de los labios de Mag, su petición ahogada a un dios en el que no cree, ese rezo improvisado, ese grito de auxilio agazapado, es el inicio de un nuevo dolor de cabeza, una nueva punzada en la sien.
No estoy muriendo es cierto, pero quiero morirme, no he comido en casi tres días porque quiero morirme. Van a sacarme de mi habitación porque quiero morirme, me duele la puta sien porque quiero morirme. Quiero morirme hace tres días, sin mucho éxito.
Lamentablemente Mag, amor, mi amor, tu amor no puede salvarme, tu rezo no logrará alcanzarme. Lamentablemente niña hermosa, nadie puede salvarme, solo yo y yo solo necesito un cigarro aunque no soporte fumar.