sábado, 16 de junio de 2012

Mi padre


Una de las cosas que más recuerdo de mi padre es haberme dicho:"en la vida tienes que ser valiente" no comentaré la conversación que antecedió a dicha frase pero es de las que más recuerdo y trato de practicar (algunas veces sin éxito).
Mi padre es un hombre metódico, se levanta a las cinco de la mañana sin necesidad de un despertador, sale directo a su trabajo a las 7 de la mañana, habiéndose metido al estómago dos panes con lo que haya y un café recién pasado- que logró aprender a hacer en la cafetera eléctrica con la presión de la dueña de su corazón- dejando atrás como prueba de su partida el sonido metálico del cerrojo de la puerta.
Mi padre, a veces, olvida llevar su brevete en el bolsillo de la camisa y son contadas, pero son, las ocasiones en que he tenido que ir a auxiliarlo y llevarle el documento a su centro laboral. En esas ocasiones me recibe con el gesto amoroso de un beso en la frente, el beso protector, el beso de la misión cumplida seguido de un amague a la billetera para buscar el dinero para el taxi de regreso.
Nunca me he negado a ello, a pesar de saber que he podido regresar a casa en bus pagando dos soles, de alguna manera, ese gesto amoroso, ese acto de desprendimiento y cuidado me llena de felicidad.

De mi padre aprendí que no se piensa, no es que mi padre esté en contra de cultivar la mente, no, es que siempre tuvo una fijación con verificar. A él no podía empezar diciéndole “creo que…” porque no podía creer, tampoco está en contra de las creencias personales o colectivas, había que estar seguro, tener certeza, cero adivinación, bola de cristal o pajazo mental.
De mi padre aprendí a nunca abrirle la puerta a un extraño, sin importar que me dijeran que le estaban arrancando la cabeza en la esquina. Sus métodos de enseñanza en seguridad pueden no haber sido los más adecuados pero definitivamente efectivos.
De mi padre aprendí lo que es ser un buen hombre, lo que es ser un hombre, y aunque soy mujer, aprecio en el sexo opuesto cualquier cualidad de las que mi viejo posee.
De mi padre aprendí que los hombres sí lloran, cuando aman, cuando aman por tanto tiempo y tanta pasión a la dueña de su corazón. No puedo decir de sus sueños, porque tenemos pruebas de que a papá le gusta soñar que está en la guerra defendiéndose de los facinerosos que lo quieren atacar.
                  
Papá regresa de su jornada laboral, como digo es un hombre metódico, nos saluda a los hijos, luego a su amor, baja a la cocina, coloca los platos, las tazas, el agua a hervir, el pan en la mesa y silba. En mi casa mi leche, mi taza de leche caliente al despertar si era invierno, o fría al acostarme en verano me la daba él y yo solo se la pedía a él, porque la preparaba como me gustaba.
De mi padre aprendí a ser una optimista de profesión, aprendí a gritarle al televisor cuando veo un partido de fútbol, aprendí a tener un corazón enorme, aprendí a rezar para volver a dormir después de un mal sueño y sobre todo, papá, papito, papo, mi papo, sigo tratando de ser valiente en la vida. Te amo.
Publicar un comentario