jueves, 3 de marzo de 2011

Neblina

De repente ya no quise nada que se pareciera a ella.
La había buscado por mucho tiempo, igual, el mismo toque, la misma mirada pero sobre todo la misma dinámica. Aquella donde mis amigos eran los tuyos y mi espacio era tu espacio, donde mis almohadas fueron desterradas para darle espacio a tu cuerpo invadiendo mi lado de la cama. La dinámica donde ya no sabía dónde terminabas tú y yo empezaba.
Iba en el taxi escuchando una cumbia y pensé que en realidad no quería nada como tú, nunca más. Pero sí, sí quería algo especial, y aunque tú siempre fuiste especial, y eras lo especial en mi diccionario, quería actualizar tu concepto en el diccionario de mi corazón, quería acompañarme pero no de cualquiera y mucho menos de ti. Por mucho tiempo traté de encontrarte, de sentirte en otros cuerpos, en otras miradas, en otros roces con mi mano, considerando que no a cualquiera le dejo tomarla.
Aquella cumbia y aquél taxista agradable y callado me dieron el tiempo necesario, un tiempo menor al que dura cualquier carrera durante el día, una carrera solitaria para ambos, el paso de los carros, las luces tenues, la vida continuando a pesar de que para mí, ya eran las buenas noches.
Bueno, buena, y sus plurales, ella siempre menciona buenos hombres, no hombres buenos, jamás hombres buenos, porque ser un hombre bueno a veces se interpreta como ser un huevón, quizás los buenos hombres son algo más. Pero yo no era de esos, porque si no se hubiera quedado conmigo. Buenos hombres así como el tipo con el que anda ahora, ese que la vuelve loca, que le saca la vuelta o le oculta cosas, pero le paga la entrada, el coctel y la juerga. Ese que tiene su depa propio y el carro en que la recoge, ese que le paga el llanto llevándola a cenar, ese que tiene problemas sicológicos y por eso termina con ella los fines de semana largo, para volver el martes a primera hora.
Entonces daba vueltas sobre mi eje buscando una buena mujer, pero nunca llegó y tampoco la busqué. Me miraba al espejo sintiéndome un huevón por sentirme tan mal, pensando en resolver la ecuación en la cual para ti, yo era una variable descartable. Anduve por calles, avenidas, micros, combis, anduve por todos lados esperando encontrarte otra vez.
Pero aquella canción, esa letra redundante en un taxi en altas horas de la madrugada, madrugada que le prometí a mi vieja no seguir explorando hasta que se volvería mañana, la madrugada cumbiambera, hiphopera, la madrugada donde deseé poder olvidarte con otro cuerpo, la madrugada que me percaté, que no es tu cuerpo, ni tu voz, ni tus manos, ni tus ojos, ni tú, no eres tú, no quiero que vuelvas a ser a tú.
Ojalá sea una ella, ojalá no vuelvas a ser tú, aunque mi corazón guarde la esperanza, aunque el destino parezca decidir por mí, ojalá que esta noche cuando me vaya a dormir, no sigas siendo tú la que reemplace a mi almohada. Ojalá que mañana cuando despierte, despierte en mi cama, solo, pero con la certeza de que ella llegará.
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