jueves, 7 de octubre de 2010

Mi lugar habitual

Una vez gané una apuesta por una estupidez. Estábamos en un bar,mi lugar habitual, llevábamos horas bebiendo, escuchando música y tratando de ganar terreno frente a los otros ruidos de las mesas de alrededor. La conversación llegó al tema o el tema llegó a la boca de aquél joven borracho lleno de brío. Mi sexualidad había dejado ser un tópico para mi, pero para los que recién me conocían era un mundo inexplorado y exótico. Yo me reí, lo admito, pero su rostro aunque risueño decía la verdad. Me retó, muchas copas de más, de ron, ron puro en las rocas, como se debe tomar, acepté.
Tenía la vista nublada y no era señal de un buen estado, fui al baño un momento y sonreí en el espejo, tenía la mirada globalizada y el rostro pálido. Me induje el vómito con la esperanza de retomar algo de cordura, solo conseguí vaciar mi estómago y sentirme liviana.
Salí y ya me esperaba contento, tenía las llaves de su carro en la mano y los demás seguían bebiendo animados sin indicios de querer partir. Subimos al carro, puso algo de hip hop y me sentí valiente, mala, ruda, una hija de puta camino a un infierno que no iba a devorarme.
Era la primera vez que pisaba un burdel, y confieso que ha sido la última, él escogió a una mujer que parecía no pasar los veinte años, sonreía coqueta y juguetona mientras me guiaba por esos pasillos escandalosos en gemidos graves y agudos, me guiaba con su cadera y su andar y el sonido de sus tacones.
Esperó a que entrara a la habitación y cerró la puerta detrás de mí, me invitó a sentarme en la cama, me quité los zapatillas, me molestaban, sentía el cuerpo caliente, la respiración acelerada y el sonido de mis latido en los oídos.
Llevaba puesto un atuendo de cama sensual y liviano que seguía cada uno de los movimientos de su contorneado cuerpo. Se sentó junto a mi sin decir nada,  acarició mis piernas por encima del jean, me dio un beso tímido en los labios, pude sentir su aroma a jabón y agua, un olor a color sepia y bateas de colores. Se echó en la cama mientras jalaba mi cuerpo sobre ella. Me incorporé de inmediato cuando sentí el olor de las sábanas, tenían sudor y saliva, por decir lo menos. La senté a mi lado y le di un halago sobre sus aretes, eran unos aretes chuscos de cinco lucas, unos aros grandes que siempre he odiado en las mujeres.
La hice cómplice de mi apuesta, le conté todo y pedí su ayuda mientras acariciaba sus manos y las admiraba con un desprecio interno, tenía las uñas largas y pintadas de color, algo que siempre odiado también. Realizamos un buen montaje, una sesión fotográfica de baja calidad, digna de cholotube y sus links truchos que queman arrechos que se guían por los títulos calentones que al clickear les bajan la erección. Buenas poses a media luz y una grabación de unos gemidos fingidos, practicados milenariamente por mujeres decepcionadas esperando sacarse aquél peso de gemidos, concentradas en las imperfecciones del techo.
Tenía todo lo que necesitaba para ganar, solo había tenido que quitarme el pantalón y el polo y pedirle a aquella linda mujer tan ordinaria según mis gustos que imaginara su mejor orgasmo para fotografiar su rostro junto al mio.
Al salir por aquella puerta, me tomó del brazo y sonriendo juntó sus labios con los míos en un beso tan convincente que me hizo olvidar que no debía abrir la boca. Junto su lengua con la mía y se alejó de mi una vez hubo conseguido engancharme.
Regresa cuando quieras minina, para hacerlo realidad, me dijo, cerró la puerta detrás de mi. Volví a caminar aquél pasillo escandaloso en gemidos graves y agudos...una vez gané una apuesta por una estupidez.

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