jueves, 30 de septiembre de 2010

El caminante

Intervengo la ciudad pegando stickers, para así tener más amantes, como el creador, que al final simplemente no quería seguir solo en la oscuridad
pienso en las cosas que no digo y en los telépatas
que las divulgan
yo tenía mucho dinero esta noche (diez nuevos soles)
y aún me queda uno
recuerdo que las confusiones salen de las palabras
de lo que quieres decir mientras te pierdes en circunloquios
absurdos
tengo la certeza
que el sonido de mis zapatos al caminar
delatan mis delitos
que no todos sabemos qué día es
y que las deudas son un problema
hasta en las mejores familias
además sé que cuando duermo
alguien me mece
y que las noches aunque silenciosas
tienen bulla
allá
bailes indecorosos, esbozan una sonrisa en mi
hasta nuevo aviso
papelitos amarillos
envuelven mi edredón
yo me acurruco en ellos
tratando de no romper su orden
pero a la luz del día
no todo es como pensábamos.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

No tenía costumbre de espiarla, siempre respeté su espacio privado para que ella respetara el mío.  Hace unas semanas noté que su ciclo de sueño estaba roto, se levantaba en las madrugadas y la luz de la laptop alumbraba su rostro mientras yo, se suponía dormía.  Consideraba válido su comportamiento y no me preocupaba con quién conversara o de qué, al fin y al cabo ella estaba en mi cama todas las noches.  La veía sonreír, acallar sus carcajadas con constantes movimientos de sus dedos contra el teclado, no importaba.  A la mañana siguiente siempre sonriendo, me despertaba con un beso y me invitaba a ducharme para ir a trabajar.  Mientras lo hacía imaginaba qué podía estar ocurriendo con ella en la habitación contigua, mirando de rato en rato la puerta del baño entreabierta, el vapor empañando el espejo, pensaba enjabonándome el cuerpo, sacándome el shampoo del cabello, qué estaría haciendo.
Al salir de la ducha, vestido ya, camino a la mesa del comedor, donde ella colocaba todas las mañanas un individual blanco de tela, una servilleta, un tenedor brillante para los huevos revueltos, tostadas, un jugo de naranja natural, recién exprimido que dejaba el departamento con un olor cítrico buena parte de la mañana, una taza de café, cuyo aroma competía por inundar cada rincón de aquél pequeño espacio que era de los dos.  Ella se sentaba frente a mí, luego de salir a recoger el periódico del tapete de la puerta, me alcanzaba la sección de deportes, sonreía mientras acariciaba mi mano y le daba un sorbo al jugo.
Me iba al trabajo, antes de salir ella me entregaba un gran beso, me decía que me amaba y me daba una nalgada mientras cruzaba la puerta.  En el carro para despejar mi mente prendía la radio, pero aún así no alejaba mi cabeza de su rostro brillante frente al computador.  Volvía a casa, le dada de comer a la gata, su gata, luego llegaba ella sin parar de hablar de todo lo que había hecho en el día, de los ineptos que eran los practicantes de su estudio y del día de mierda en el juzgado.  Cenábamos frente al televisor, con la gata rondándonos, ella se echaba en mi hombro, me abrazaba, me besaba el cuello y nos íbamos a dormir.
De vez en cuando hacíamos el amor, cuando teníamos ganas, yo dormía inquieto despertando con cada movimiento de su pequeño cuerpo junto a mí.  Al abrir los ojos otra vez, frente a la laptop, sonriendo, arrugando a veces los ojos por la luz, haciendo muecas de desagrado, riendo, movimientos rápidos y repetitivos de sus manos en el teclado, la risa acallada y la mañana otra vez.
Sin embargo, esa mañana fue diferente, es decir, estuvo el beso en la mejilla, la invitación al baño, los pensamientos mientras me quitaba el jabón del cuerpo y el shampoo del cabello, la mesa servida, las tostadas, el café, el aroma a jugo, el individual blanco, los huevos revueltos, su mano sobre la mía, la sección de deportes, el tenedor brillante y yo…levantando la mesa en peso, rompiendo toda aquella rutina armónica de clase media, haciendo huir a la gata con un maullido aterrador, saliendo por la puerta, entrando al carro, corriendo por las calles, tocando el claxon y llegando, llegando donde ella, que me debía una explicación, que me debía una explicación, un puta explicación:

    ¿Cuánto tiempo engañaste a papá? —pregunté sudando.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Lo encontré caminando solo
pero feliz como es él
entonces decidí llamarlo
¡Lucho! -grité.
sabiendo bien que su nombre era otro.
Pero él sonrío.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Lánzate al río

Desde la ciudad debíamos seguir un camino por carretera por unos cuarenta minutos, era de noche, la primera parte del camino estaba alumbrado por algunos postes de luz.  Luego de veinte minutos solo los faroles de la combi nos alumbraban. De vez en cuando detrás de la frondosidad de los árboles se podía ver la luna, luna llena.  Nos aventuramos sin decirnos nada, cada quien sumergida en sus pensamientos.  Antes de llegar al punto de partida, nos detuvimos en medio de la carretera.  El guía bajó y dio un silbido.  Se notaba una reja y unas casas con las luces ya apagadas, dentro de esa oscuridad se encendió una luz que cegaba.  Desde allí salió un lugareño que caminó en dirección nuestra con una linterna, subió y nos saludó cordialmente. 
El punto de partida era un pueblo, Solo, así se llamaba, lo había visto antes a plena de luz del día, con algunas mujeres secando granos al sol.  Ahora solo alumbraban los faroles de la combi y la linterna del lugareño.  Dos niños curiosos se acercaron, la combi nos entregó luz mientras nos preparábamos.  Nos colocaron los chalecos y los cascos.  El sonido del río en la oscuridad intimidaba, pero aún nos mantuvimos serenas, paradas cerca de la entrada por donde luego caminaríamos con el bote.
Antes de eso una oración, el padre nuestro más corto de nuestras vidas, todas lo empezamos y luego olvidamos lo demás.  Hicimos un círculo y decidí dedicar una oración a la naturaleza, así lo hicimos.  Embriagadas de adrenalina, caminamos descalzo hacia nuestra aventura.
Nos dieron las indicaciones, cómo sentarnos, cómo enfrentar los rápidos y la natural calma que debíamos mantener en caso nos llegaramos a caer al río.  Allí empezó.
La luna era nuestra única luz, no teníamos nada encima más que nuestra ropa, el equipo y los remos.  La luna le daba reflejos al río, el ruído del agua contra las rocas, el cielo despejado y plagado de constelaciones, el primer rápido.  La adrenalina se apoderó de todas, éramos la únicca bulla humana en ese lugar.
Dos rápidos más, en uno de ellos casi perdemos el equilibrio, pero nos contuvimos.  Minutos después el anuncio esperado:
-Aquí si desean se pueden tirar y flotar.
Yo dudé lo reconozco, sin embargo todas las demás lo hicieron, yo me sentí satisfecha con estar allí de noche, mirando aquella inmensidad encima mio.  Me tiré, lo hice torpemente y casi entro en pánico si el chaleco no me sacaba a flote, me agarré a las amarras del bote.  Me aclimaté y logré soltarme un momento, luego lo vi, el cielo, la luna.  Subimos de nuevo, nos esperaba un rápido más y otro remanso.
El último rápido fue juguetón, empujó el bote con fuerza pero sin furia y cada reflejo de luz en él parecía entregar una sonrisa, parecía invitarte a jugar.  Nuestro grito de conquista despertó a la naturaleza que dormía.  Una bandada de pájaros blancos, salió de la espesura de los árboles, volando en círculo para retornar a sus hogares.
El último remanso, esta vez no dudé en lanzarme en él, me quedé allí, dejándome llevar por el río, flotando en él, mirando el cielo más estrellado que he visto, con la luna que a estas alturas parecía estar al alcance de mis manos. 
Lánzate al río y déjate llevar por él, enfréntate a tus miedos, respira y observa la belleza de la simplicidad.
Aquella noche dejé en el río todos mis miedos y trabas,todos mis "no puedo"; "tengo miedo";"¿ahora qué hago?"; aquella noche que me dejé llevar por el río, me di cuenta que a partir de ahora, sin importar qué venga, ni de dónde, lo puedo enfrentar.  Ya no le tengo miedo al paso siguiente, ya no le tengo miedo a no saber qué hay más allá.
Aquella noche también aprendí, que no hay nadie más con quien quisiera lanzarme al río, que no sean ustedes, amigas.
Así que, "Lánzate al río" y deja de pensar en qué irá a pasar.