sábado, 23 de enero de 2010

Hace Tiempo


Allí estaba yo, sentada, algo desorientada, pensando que quizás, no le importaba qué pensaba. Fumaba el único cigarrillo que siempre guardo, con los audiófonos pegados a los oídos, desconectándome de todo el ruido, escuchando un baladita, y ella venía e iba, venía e iba, perdida, sin verme, sin notarme. Sonreía siempre, pensaba, recordaba, hacía en mi cabeza lo que no hacía con mi cuerpo y sonreía, y el micro en mi boca y yo cantando, y los colores cayendo sobre mi, mientras yo daba vueltas, vueltas, vueltas, ensimismada, sintiendo que no importaba si me veía o no, si me esperaba o no, y ella sonreía del otro lado de la mesa, mirándome y no mirándome.
Cuántos errores se pueden cometer cuando tu mente es más rápida que el sentimiento
Y los colores y la música y ella sentada gozando y yo sin poder dejar de sentir ternuraestática
Y luego la vía expresa, expresándose a través de mí:
La amistad es lo único que no se mosquea
No tiene potasio
Y las moscas joden, engañan, mueren
Yo quiero seguir viva siempre, para ellos
Para mí.

En la mesa había abrigos
Tuve que ir a recoger lo que perdí, ella me mandó dos veces, mi responsabilidad con el objeto estaba hecha
Y así fui, sin miedo a encontrar lo que me esperaba, la máscara
Y la recogí, pasando piola entre los asistentes y volví con convicción a la avenida donde ella esperaba sin esperar, donde le dije: la encontré
Todos esperaban, todos estaban

Y la merced, la merced en línea, para congraciarme con lo santo, porque al final de cuentas, “soy un hombre solitario” y ustedes son los únicos que han estado allí siempre
Entonces pienso en lo malo, en el diablo, en lo oscuro y debo amarlo
Debo amarlo porque a pesar de tirarme un peso encima
A pesar de quitarme el aire
Lo he aprendido a querer y aunque él es el mal, yo no soy el bien.

Y lo que vendrá y las fotos, la experiencia, el amarlas, el quererlas
El haberla adoptado y que me reciba todas las noches para oler mi aliento, sentir mi tacto

Su sonrisa pequeñita me coqueteaba desde el otro lado de la mesa, yo la ignoraba y ella reía, entonces prendía un pucho y hablaba con otro, bailaba con otro, y sabía que la quería mía, solo de mi, aunque sea en el momento en que la deseaba, en que el mar tocaba mis pies y helaba mi sangre y ella entibiaba mi mente, mi alma.

Entonces ella canta y baila y yo grito, solo grito y ella se quita la máscara y se muestra y la veo y se oculta a pedido, y yo odio al pelmazo que se lo pidió
Aquél policía disfrazado de cantinero, aquella negra de curvas grandes, esas jarras del mal, de licor, de licor de caña y ella sonriendo, sonriendo
Como siempre la imagino, como siempre debe ser.
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