martes, 14 de abril de 2009

Hasta alcanzar el sol


Me parece que empecé a envejecer cuando me di cuenta del paso de las estaciones, cada vez con cada año cumplido se me hacía más notorio el paso del frío al calor, de un clima templado a otro más cálido, es más mientras más años cumplía mayor era mi necesidad de hablar del clima, del frío que hacía, del insoportable calor que no deja hacer nada durante la tarde, del frío desgarrador que no deja hacer nada durante la noche. La conversación favorita con los extraños, los taxistas, las personas del bus, las personas que desempeñan trabajos de atención al cliente, siempre el clima, siempre la misma conversación vacía y sin sentido, que no te lleva a nada más que quizás ser un poco cortés y tener la necesidad de acabar con el silencio irremediable.

No es solo el hecho de hablar del clima sino que fue la edad, el paso de los años lo que me hizo percatarme del cambio climático de mi ciudad y además del paso del tiempo por mi cuerpo, mi crecimiento corporal, el fantástico descubrimiento del cambio de olor del cuerpo. Mientras más responsabilidades caen encima de ti por la edad que vas alcanzando, más relación al menos en mi caso, tuvo mi estado de ánimo con el clima. Por ejemplo un buen día de sol sin importar la estación siempre es bueno para tomar unas cuantas cervezas bien heladas, con buena compañía y conversando del clima como la excusa para tomarlas. También es aprovechable ir a ver el mar, escucharlo rugir imponente, describiendo el horizonte y con ello al clima, sintiéndote bien a pesar de que el día haya sido una verdadera mierda, a pesar de que tu vieja te haya tocado con desesperación la puerta del baño preguntándote que tanto haces allí metida, sobre todo después de descubrir que tenías la debilidad de drogarte durante las reuniones familiares. Los días fríos son buenos, si es que la garúa quiere acompañar el grisáceo ambiente del cielo, para salir a caminar, fumarte un cigarrito y llamémosle reflexionar aunque en realidad creo que está muy lejos de eso. Te pones melancólico al punto de llegar a tu casa y encerrarte en tu habitación escuchando las baladitas del año abrazado a tu almohada preguntándote entre lágrimas que ahogas en ella, ¿por qué me dejó?

En fin el clima siempre está, siempre estaba al menos cuando viajaba en el auto con papá, siempre tenía un comentario acerca del clima para mí. Iniciaba la conversación con ello y pasábamos a otros temas los cuales solo incluían escuchar al dj de la radio. Sin embargo hay algo curioso en eso del tiempo de cómo empecé a notarlo y de cómo logró que me empezara a notar. No fue hasta que salí de mi país para buscar mejores opciones, que me di cuenta de lo marcada que son las estaciones en otros países, de cómo pueden diferenciarse, el tipo de abrigo cambia, o desaparece. Solo luego de eso pude notar acá las diferencias climáticas, las estaciones no están tan marcadas y no necesitamos tantos tipos de ropa, al menos no en la capital, acá donde todo siempre es gris y en buena hora el colchón de smog nos deja ver al sol y sentir como quema la piel, la ciudad en sí nos da nuestro tiempo para sentirnos bien, para verla como en las postales.

Desde luego, fue un proceso esto de hablar del clima, no empezó de sopetón, recuerdo que fueron mis años de adolescencia, cuando sales a descubrir el mundo y vas por allí sintiendo que es tuyo, allí empiezas a sentir frío o calor, notas más la pequeña inclemencia del clima sobre ti. Empiezas utilizando expresiones para describir tu aventura, empiezas a preocuparte más por tu vestimenta, empiezas a pensar en el verano no solo como las vacaciones sino como el sol, la playa, el mar. Y este es el punto importante, cuando uno es niño lo único que nota del paso del tiempo son las vacaciones y el inicio del año escolar. No te preocupas por si hace frío o calor, de eso se preocupa mamá, ella te abriga, te desabriga, aunque en realidad abrigarte es muy poco, porque andas correteando por el parque, por la casa, por la calle y siempre es mejor como dice la abuela que no abriguen mucho a los muchachos si van a estar mataperreando, eso enferma.


Yo empecé a envejecer cuando caí en la cuenta de que en Enero hacía mucho calor y llegando a Julio hacía mucho frío, fue en ese momento cuando mirarme al espejo fue diferente, ya no fue por hacer muecas o pasarme el hilo dental, o mirar que no haya salido un nuevo vestigio de acné. Yo empecé a envejecer cuando me di cuenta que sin importar la estación mamá siempre tenía frío, también descubrí lo que era una baja de presión. Yo empecé a envejecer y no soy vieja, tengo mucho por delante, muchas aventuras, mucho que ver, pero no puedo evitar lamentarme de cómo fui permitiendo que el tiempo pasara por mí. Que el verano ya no solo fueran vacaciones y estar todo el día en la calle jugando, que el invierno no solo fuera la flojera de levantarse para ir al colegio y tener que bañarse a las seis de la mañana, a veces con agua fría, que los paseos a Chosica no fueran simples paseos sino excursiones bien planificadas en busca del sol, que mi primer beso y mi primer amor no se dieran de noche o por la tarde de un día como todos, sino un día de verano o una noche de invierno. Yo empecé a envejecer cuando caí en la cuenta de que los columpios son un medio de entretenimiento para los niños cuando hace buen tiempo para salir al parque y no un vehículo en el cual si me balanceo con todas mis fuerzas puedo llegar hasta alcanzar el sol.