miércoles, 11 de febrero de 2009

No valgo nada


Te acuerdas de esa vez mientras estábamos tirando, y tú te enojaste conmigo porque querías ponerte arriba y yo no te dejaba porque así no te la podía meter igual de rico como quería. Te acuerdas que te alejaste de mi, me hiciste salir de ti y te encerraste en el baño y me dejaste con mi erección y la verga hinchada hecho un huevón…y no me quedó más remedio que escupir mi mano y pajearme mirando a la actriz porno nipona en la tele, a pesar que no las concibo como producto pornográfico eréctil.
Luego de eso me levanté y toqué la puerta del baño, te llamé y tú me decías vete huevón, eres un pajero de mierda, te he escuchado venirte. Y yo te rogaba que salieras del baño, que ya, que si querías te iba a dejar estar arriba esta vez, y tú nada, no hacías más que decirme lo imbécil que era y yo enojado, puta madre Alexandra sal del baño y tú gritando desaforada en el baño de ese pequeño hotel donde solíamos ir: ¡¡¡¡¡Pajero de mierda!!!!! Y yo me enojé más, y estuve tentado a ponerme el calzoncillo y la única media que me pude sacar en la arrechura por tirarte, e irme de allí.
Hacía un mes que no tirábamos ¿te acuerdas?, ese día justo todo se había dado, estaba el dinero, el tiempo, la excusa y tú… encerrada en el baño. Sentado en la puerta podía escuchar los gemidos en el resto de habitaciones contiguas y podía sentir como las paredes que me rodeaban destilaban olor a sexo de otros, la pantalla del televisor sudaba sexo mientras Cheyenne Silver como niñera underage conquistaba a un nuevo padre de familia y tú sin salir, sin decirme nada y yo te decía Alexandra mi amor, por favor y tú gritas: déjame que estoy cagando.
Y yo ahora sí enojado, porque me lo decías por joder, porque sabías que te dejaría en paz, sabías que no me atrevería a volver a interrumpirte y yo sabía que era un cojudo y quizás sí un pajero, pero al menos no me quedaba a medio camino conmigo, porque sabía bien que lo hacías por joder y era mentira.
Sentí frío así que me metí en la cama, decidí esperarte, encendí un cigarrillo, la puerta del baño se abrió, saliste y como siempre que cagabas me dijiste: no entres allí y yo sonreí porque no se te veía molesta y hasta te perdoné que le contaras a todo el hotel que era un pajero.
Pero no era cierto, era solo un viejo reflejo de un pudor que conservabas para mi o para ti, no sé, y no me dejabas abrazarte ni tocarte, y me estabas volviendo loco, y seguías diciéndome pajero, egoísta y yo no entendía, y me decías que te costaba dejarme un ratito, aunque sea la primera vez, pero solo importas tú y a mi que me parta un rayo, a mi que no venga el orgasmo. Y me desviabas el rostro y yo solo podía pensar en mí, no podía decirte nada, y tú peleabas, te retorcías debajo de mí y eso me causaba una nueva erección.
Yo solo pensaba por qué Alexandra por qué, por qué no me dejas besarte, tocarte, por qué no dejas de resistirte, y tú nada de ceder a mi fuerza, luchabas, te retorcías y me decías déjame imbécil, déjame Alfredo, y yo paré, paré y decidí vestirme y buscar a Gabriela, ella sí me iba a dejar tirármela rico, como yo quisiera, en la posición que yo quisiera, solo importaba yo.
Me puse el calzoncillo, adónde vas me preguntaste, ¿te acuerdas? y yo no dije nada, me vestí lento pero seguro, así como quitarte la virginidad esa vez. Tapaste tu rostro con la almohada e intentaste acallar tu llanto, y yo pensaba, ¡esta huevona de mierda, de qué chucha llora ahora!, pero no pude, no te pude dejar llorar, porque tú no eras cualquiera, no eres una zorra o una puta, tú no jugabas conmigo, tú no me eras infiel, tú habías decidido ser mía, y yo no podía Alexandra, no podía verte llorar.
Así que te pregunté qué pasa y como siempre tú, tú, tan rica y linda como siempre, me decías perdón, no te piques pues gordo, ven déjame que te lo haga rico, no te vayas. Y no me iba Alexandra, no te dejaba, no porque tu llanto me convenciera, sino porque eras única. Esto no lo sabes, y quiero que nunca lo sepas, pero yo me las tiro a todas Alexandra, a todas sin excepción, soy débil, soy malo, soy una basura…¡qué chucha no valgo nada!. Pero a ti, a ti no te puedo dejar, no puedo hacerte daño, no te puedo tratar con indiferencia, sin amor, tú no eres un tire más….y aunque nunca dejaré de tirármelas, a ti no te puedo dejar.
Esa noche me convenciste y me quedé y te juro que en ningún momento pensé en que me tiraba a Pamela Anderson o a Carmen Electra o a la doble porno de Brtiney Spears como hacía con las demás, a ti te miraba a la cara, te veía a los ojos. A ti no te prohibía que me besaras el cuello por miedo a las marcas, a ti te las pedía. A ti te besaba en los labios, a ti te tenía respeto a pesar de que cuando estaba muy borracho pensaba que me engañabas con cualquiera y te insultaba.
Tú no eres cualquiera Alexandra contigo no espero que te vayas a dormir para coger mis cosas e irme corriendo para no volver a llamar, contigo espero que te quedes dormida para susurrarte cuanto te amo y esperar que me digas mientras te abrazo y entre sueños: cállate huevón, déjame dormir, que yo no soy Alexandra.
Entonces yo me levanto, me visto y me voy corriendo para no volver a llamar, sabiendo que esa no eres tú, ellas nunca serán tú y pensando que sin ti, realmente no valgo nada.
Publicar un comentario